La Paradoja del Género en las Finanzas: Del Estímulo Fiscal Menstrual a la Realidad del Subsidio Familiar Tradicional



Seguramente ha visto en el supermercado: dos rastrillos idénticos, con las mismas navajas y los mismos materiales. ¿La única diferencia? Uno es azul y el otro es rosa. ¿La otra gran diferencia? El precio. El de color rosa suele ser considerablemente más caro.  

El debate público contemporáneo sataniza el término "impuesto rosa". Se denuncia el sobreprecio que las empresas imponen a productos y servicios dirigidos al público femenino. Rastrillos, desodorantes o cremas en comparación con sus versiones masculinas. Sin embargo, desde la estricta doctrina del Derecho Fiscal, catalogar este fenómeno como un "impuesto" es un error conceptual craso. 

Un tributo emana de la potestad soberana del Estado, fundamentado en los principios de proporcionalidad y equidad para contribuir al gasto público. El sobreprecio rosa, en cambio, no es una carga fiscal legislada; es una estrategia de segmentación en el libre mercado basada en la disposición a pagar de un nicho de consumo. 

Para entender la verdadera dimensión de este fenómeno, es necesario separar la legítima intervención de la política fiscal del Estado de las leyes frías de la oferta, la demanda y la transformación de la estructura familiar. 

El rol legítimo del Estado.

Donde sí se tiene una obligación de justicia social es en la salud pública. A diferencia de elegir un perfume o un rastrillo de un color específico, la gestión menstrual (toallas, tampones, copas) no es una opción estética ni una decisión de consumo; es una necesidad biológica inevitable. En México, la eliminación del IVA a productos de gestión menstrual entró en vigor el 1 de enero de 2022, tras ser aprobada en la Miscelánea Fiscal a finales de 2021. Desde entonces, estos artículos tienen tasa 0% de IVA, considerándose productos de primera necesidad.  

¿Por qué hasta ahora ha tenido fuerza esta lucha? La paradoja histórica: El subsidio familiar tradicional.

El cambio ocurrió cuando las mujeres se incorporaron masivamente al mercado laboral, puesto que antes los gastos los asumía el hombre al tener el liderazgo de su familia. Independientemente de que sean productos para su esposa o su hija. En el modelo de la familia tradicional, estos sobreprecios de consumo o tasas estéticas de la mujer se pagaban sin cuestionamientos. Hoy, la narrativa moderna le vende a la mujer la idea de que "puede tenerlo todo": ser una profesionista exitosa, competir en el mercado laboral, generar dinero y ADEMÁS seguir siendo la principal cuidadora del hogar, la administradora de la casa y una madre presente.

El resultado no es la liberación absoluta, sino una doble jornada extenuante. Muchas mujeres hoy se sienten atrapadas en esa "adolescencia económica extendida" y en crisis de ansiedad porque el sistema les exige producir como si no tuvieran hijos y criar como si no trabajaran. 

Un ejemplo sencillo sería describir una fuerza laboral de 200 hombres donde ya de por sí no ganan suficiente debido a factores externos como la inflación. A esto, sumarle 200 mujeres que buscan trabajar. Para cualquier empresario le saldría razonable recortar el sueldo de estos 200 hombres para incorporar en su plantilla 400 empleados. 

La mujer alcanzó autonomía, sí, pero quedó expuesta a financiar sus propias decisiones de consumo de forma aislada. La queja contra el impuesto rosa es, en el fondo, la frustración de enfrentar los costos individuales en un mercado hipercompetitivo, extrañando inconscientemente el subsidio invisible que el trabajo masculino proveía en el esquema anterior.

El absurdo de regular el libre mercado. 

Sectores de la narrativa actual pretenden llevar la intervención estatal más allá, exigiendo leyes que prohíban o regulen el "impuesto rosa" en el comercio diario. Desde la óptica del derecho económico, esto resulta no solo inviable, sino incongruente. 

Intentar que el Estado fije los precios de productos comerciales ignoraría que la fijación de precios responde a costos de producción, economías de escala y diferenciación de marca. Si el rastrillo azul es más barato, la consumidora goza de total autonomía para ejercer el "voto del bolsillo" y comprar la versión masculina; el mercado se regula mediante la elección.  

Además, si el Estado interviniera para forzar una igualdad artificial de precios en el supermercado por decreto, por pura congruencia legal tendría que intervenir en los sectores donde el sesgo económico beneficia a las mujeres. El mercado es indiferente a las ideologías y explota las vulnerabilidades de cada sector para maximizar ganancias:

1. En el entretenimiento nocturno, los antros subsidian la entrada de las mujeres porque en su modelo de negocio ellas son la audiencia atractiva; el costo operativo se le transfiere directamente al hombre mediante covers elevados y sobreprecios en el consumo.

2. En el sector asegurador, las empresas aplican primas considerablemente más altas a los hombres jóvenes debido a las estadísticas de riesgo y siniestralidad vial.

3. En las plataformas digitales de citas, el acceso básico es gratuito para las mujeres, mientras que el algoritmo está diseñado para cobrar suscripciones a los hombres para otorgarles visibilidad.

Conclusión: El mercado no tiene género, tiene leyes.

La "Paradoja de la Igualdad de Género", observada en países nórdicos como Noruega, demuestra que, ante una libertad absoluta y un estado de bienestar que garantiza la supervivencia, hombres y mujeres se autosegregan por preferencia natural: los hombres eligen mayoritariamente las ingenierías y los trabajos con objetos, y las mujeres las ciencias sociales y del cuidado. La equidad de oportunidades no produce igualdad de resultados.

El dinero no tiene moral ni género. Así como en la realidad económica informal un comerciante o un taquero puede generar más ingresos que un médico con diez años de especialidad debido a la demanda inmediata, el sistema financiero no premia el mérito moral ni el género; premia la percepción de valor y la asunción de riesgo.

El verdadero analista del Derecho Fiscal y Económico debe aprender a separar la narrativa de la victimización de la realidad de los números. El Estado debe cumplir su función de garantizar mínimos biológicos en el sistema tributario (como la tasa cero en productos menstruales), pero el resto de la economía seguirá operando bajo la fría e inmutable ley de la oferta y la demanda, donde cada género, en función de sus decisiones, sus riesgos, ejercerá su libertad de elección.


Referencias bibliográficas:

1. El estudio sobre la Paradoja de la Igualdad de Género

Stoet, G., & Geary, D. C. (2018). The gender-equality paradox in science, technology, engineering, and mathematics education. Psychological Science, 29(4), 581–593. https://doi.org/10.1177/0956797617741719

2.  Documental noruego Hjernevask (Lavado de cerebro)

Eia, H. (Director y Presentador), & Sandnes, Ole-Martin (Director). (2010). Hjernevask [Serie documental]. NRK (Norsk rikskringkasting).

3. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) - Patrones de consumo

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2023). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2022. Presentación de resultados. INEGI. https://www.inegi.org.mx/programas/enigh/nc/2022/

4. Datos de los Oficios y Segregación Laboral en México (ENOE)

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), primer trimestre de 2024. INEGI. https://www.inegi.org.mx/programas/enoe/15ymas/

5. Reforma fiscal en México: Eliminación del IVA a productos de gestión menstrual (Tasa 0%)

Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (2021, 12 de noviembre). Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley del Impuesto al Valor Agregado; de la Ley del Impuesto sobre la Renta [Sección Miscelánea Fiscal 2022]. Diario Oficial de la Federación. https://www.dof.gob.mx/


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