Del RFC a la hiperrealidad: ¿Por qué nos cuesta tanto encontrar pareja en el México real?
Un análisis socioeconómico y fiscal sobre el costo de oportunidad en las relaciones modernas, la escasez demográfica y la trampa de la apariencia.
En México, la realidad fiscal golpea temprano. A partir de la reforma al Artículo 27 del Código Fiscal de la Federación (CFF), la inscripción al Registro Federal de Contribuyentes (RFC) es obligatoria a los 18 años.
Estadísticamente, la edad media en la que los jóvenes mexicanos se incorporan formalmente al mercado laboral y empiezan a pagar activamente ISR (Impuesto Sobre la Renta) oscila entre los 21 y los 25 años (al egresar de carreras técnicas o universitarias).
Mientras el algoritmo de Instagram le dice a un joven de 22 años que a su edad "debería estar viajando por Europa y manejando un auto de lujo", el Servicio de Administración Tributaria (SAT) le da su bienvenida al mundo real con un sueldo promedio de entrada que, en la formalidad mexicana, difícilmente supera el promedio nacional para profesionistas juniors. El choque psicológico entre la expectativa digital y el primer recibo de nómina (con sus respectivas retenciones) es brutal.
Esta desconexión entre lo que se gana y lo que se quiere aparentar para encajar en los parámetros afectivos modernos genera un fenómeno preocupante. Los medios, las narrativas políticas y los algoritmos moldean, aceleran o distorsionan lo que consideramos "normal" o "deseable" en el mercado de citas. En economía, cuando las reglas naturales cambian por intervención externa, el comportamiento del consumidor se transforma; aquí pasa exactamente lo mismo.
El cine, las series y los discursos políticos actuales han hecho un esfuerzo consciente por reconfigurar los roles tradicionales. Las redes sociales han creado un escaparate de "hiperrealidad" donde parece que la norma de vida es viajar en primera clase, vestir marcas de lujo y cenar en lugares exclusivos todos los fines de semana. Aunque menos del 5% de la población mundial puede costear ese estilo de vida de manera sostenida, las redes lo muestran las 24 horas del día. Esto genera un sesgo cognitivo: lo que es extraordinario empieza a percibirse como lo mínimo aceptable.
La realidad de hoy por hoy.
La gran mayoría de la población se encuentra en la clase media o baja. Por lo tanto, la probabilidad matemática de que toda mujer (o persona) con altas expectativas económicas encuentre a un hombre que gane "muchísimo dinero" y que además esté disponible, es físicamente imposible.
Pese a que los parámetros se han diversificado. Entre capital económico y estatus, capital emocional e intelectual y el mercado de la atención. Sigue prevaleciendo lo económico debido a la necesidad evolutiva y social de seguridad.
Por ello, los remedios suelen ser:
Escenario A: Flexibilizar los parámetros. Para no quedarse solas, muchas mujeres tienen que bajar sus expectativas y aceptar parejas con ingresos menores o iguales a los suyos.
Escenario B: Compartir el "recurso" (poligamia funcional o infidelidad aceptada). Cuando un grupo muy reducido de hombres acumula tanto poder económico y estatus, se vuelve tan cotizado que las dinámicas cambian. Algunas personas prefieren una fracción de la atención de un hombre de alto estatus (ser la segunda opción, relaciones abiertas o aceptar infidelidades) que la atención exclusiva de alguien que no cumple con sus estándares económicos.
En contraste.
Así como el sector femenino suele enfrentarse a la escasez de hombres con altísimos ingresos, los hombres se topan con su propia pared matemática cuando buscan su "ideal" de pareja.
Sociológica y evolutivamente, los parámetros de búsqueda de la mayoría de los hombres suelen inclinarse hacia ciertas características muy específicas:
Juventud y belleza: Indicadores biológicos tradicionales de fertilidad y salud.
Paz y Cooperación ("Docilidad"): La búsqueda de baja conflictividad en el hogar.
Ausencia de cargas familiares previas: Preferencia por iniciar una familia desde cero (sin hijos de relaciones anteriores).
Inteligencia: Para una estimulación mutua y una crianza compartida eficiente.

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